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LA COMUNICACIÓN EFICIENTE

LA COMUNICACIÓN EFICIENTE

Cuando la mente se encuentra gobernada por el amor propio, el Yo no escucha y, por consiguiente, no aprende.

La vida, usualmente a través de los demás, nos proporciona múltiples indicaciones e informes apreciados desde un punto de vista ajeno que, en muchos casos, pueden ser reveladores.

communication-73331_640Sin embargo, el ser humano tiende a apestillarse en sus consideraciones y formas de entender la vida, esperando que los demás las certifiquen. Diríamos pues que la fuerza del Yo reside en sus propias ideas. Ellas lo sostienen, convirtiéndose así en los soportes principales de la identidad.

Si de afuera nos llega una consideración, un comentario u observación que pone en entredicho al sujeto, éste se ve impelido por un mecanismo preciso que impulsa su amor propio:

1.- Una compunción molesta y visceral cuando sentimos que no certifican nuestro punto de vista. La falta de complicidad del otro nos sume en un territorio de indefensión, donde aparece un conflicto emocional que afecta a la personalidad y al centro emocional del individuo.

2.- Surge sin conciencia la necesidad de defendernos y justificarnos. Así podremos desplegar en la comunicación un enconado combate verbal, bien lo hagamos abiertamente, o bien de forma taimada y encubierta por el hábito social.

3.- El déficit personal requiere ser considerado y certificado. Cuanto más carente y débil sea la persona, más certificación necesitará. Aparece pues la «espera emotiva», que no es ni más ni menos que la necesidad visceral de revestir un territorio afectivo no resuelto a través de nuestros puntos de vista. Este mecanismo declara abiertamente la insuficiencia del individuo, carencias personales que se expresarán de forma palmaria en la comunicación.

4.- Aparecerá sin conciencia una evidente falta de respeto, ya que tenderemos a no abrir nuestra psique a la forma expresiva del otro y, a la vez, a sus consideraciones, simplemente porque son diferentes u opuestas a las nuestras. Aunque estemos callados, no podremos escuchar porque adentro estamos negando, atascados en la defensa personal, cerrados a lo que se nos dice; en consecuencia, ese «eco» que proclama el otro hiere una zona interna que no sabremos precisar. No importa en exceso el argumento, ya que el «Ego» pone en la conversación como relevante la propia hostilidad y el hecho principal de no ser ADMITIDO y APRECIADO. Aquí la conversación deja de ser racional para convertirse en visceral. Una conversación visceral manifiesta abiertamente la penuria emotiva del sujeto, su indefensión y, por ende, la falta de perspectiva ante la realidad. Aparece el encono, la obstinación… y aunque estas reacciones se vean envueltas por el cerco turbio de la baja auto-estima, el individuo echará mano de su amor propio, para que le sirva de escudo protector en el talante con el que encubre su personalidad.

5.- Se siente a la otra persona como hostil, como si nos atacara y menoscabara nuestra solvencia personal. Es frecuente que se produzca un efecto rebote que –por amor propio- se busque poner en evidencia ante terceras personas los defectos y carencias del prójimo. Esto último es muy frecuente en la relación de pareja, ya que en el grupo el débil siente su asertividad menos vulnerable. Podrá, sin conciencia, buscar alianzas posibles, complicidades, frente al que una zona oculta de su psique considera su contrincante. Esto último también suele suceder en los comentarios y críticas que un sexo hace sobre el otro. Obviamente, cuando este hábito es recurrente, deberemos considerarlo como patológico, ya que encubre un dilema carencial no resuelto.

6.- La debilidad del sujeto tenderá al tremendismo, esto es: hacer relevante sus puntos de vista, considerándolos como muy primordiales. Será pues incapaz de relativizar los criterios, de apreciarlos como enfoques parciales de la realidad.

7.- No estará dispuesto a reconocer sus limitaciones y carencias. Es más, tenderá a volcarlas en el otro, en múltiples circunstancias convirtiéndolo en espejo de sí mismo. «¡Pues anda que tú…!» exclamará enojado, y buscará aspectos o posiciones de la otra persona que le sirvan como ejemplo. El amor propio, cuando se hace compulsivo, puede incluso malinterpretar o bien entrar en la comarca del engaño, mediante una retorcida forma de auto afirmarse. Para él lo importante es vencer en el campo de batalla que ha desplegado el «Ego», cueste lo que cueste, aun en detrimento de la dignidad. Obviamente, cuando un defecto del otro es verdaderamente relevante, el débil no lo podrá excusar o ignorar; por el contrario, tenderá a usarlo como argumento y conjetura en la confrontación. Esto sucede porque al poner en evidencia los defectos ajenos, una zona oculta de nosotros presupone que los nuestros se hacen menos relevantes. Como es evidente, este mecanismo hace que el «Ego» domine y se posicione en la psique, ya que a él lo único que le interesa es la hegemonía del amor propio en la situación.

            ¿Qué se puede hacer para evitar este común síntoma de debilidad y raquitismo mental?

a)    No convertir la comunicación en un método de auto-afirmación.

b)    No esperar en ningún caso que el otro confirme tus ideas y puntos de vista.

c)     Entender que la distinta forma de expresión y el diferente punto de vista siempre son enriquecedores.

d)    No negar interiormente cuando el otro está hablando.

e)     Saber escuchar es abrirse a lo diferente, sentir a la persona con la que nos comunicamos como una aliada y no como un contrincante.

f)      Más allá del interés afectivo que pone el Yo en la conversación, siempre nos podremos preguntar: ¿Qué puedo aprender de lo que esta persona me está indicando?

g)    Ofrecer nuestras sugerencias y respuestas de la forma más parcial y consciente posible, impidiendo que se vean cautivadas por una exclusiva posición.

h)    Permitir que la conversación entre las dos personas se mantenga suspensa en una efectiva paridad. Nadie es más ni menos que tú; nadie te ataca, por consiguiente, no necesitas defenderte.

i)       Aprender a ASUMIR la inconsciencia y puntos de vista sesgados del otro. La tolerancia es fundamental en la comunicación.

j)      Aprender a no convertir el criterio en un ropaje del Yo. Cada uno de nosotros tenemos la mente instalada en nuestro país psicológico particular (ideas y creencias; sentido de lo que es bueno y malo…), mas todo criterio en verdad es relativo. Una conversación inteligente no se mueve en una atmósfera absolutista, ya que fluye entre el humo de la relatividad.

k)    Aprender a apreciar la energía que mueve nuestra REACCIÓN, esa sensación ingrata que sufre el Yo ante la experiencia, sea la que sea. Sucede que cuando duele es porque aún no hemos tomado la suficiente perspectiva sobre la misma.

Existen dos factores primordiales que estudia la Psicología de la auto-realización ante los demás:

Por un lado, la asunción cordial de la realidad, sin sufrir la condición de un Yo que toma como personal aquello que está pasando, que se involucra demasiado en la prueba. «El veneno ajeno no tiene porqué ser tu veneno».

El principal enemigo de este punto es el amor propio, el orgullo y la soberbia.

Por otro lado, la ubicación personal, cuando se actúa, se toma partido y se ejecuta sin dolor. Esta posición saludable desmantela ante el mundo causal las más obtusas condiciones y, asombrosamente, puede ayudar a los demás a tomar conciencia sobre el acontecimiento.

El principal enemigo de este punto es el miedo y la baja auto-estima.

Así pues en toda conversación, en las distintas posibilidades expresivas que elige el ser humano, solemos involucrar estos dos agregados psicológicos que surgen de nuestras carencias personales y de la propia debilidad. Mas si apreciamos la comunicación como un verdadero entrenamiento, como una oportunidad de crecer y aprender, estas condiciones podrán ser en verdad superadas.

(Fragmento del libro «Resplandor y brisa», los diez parámetros de la conducta) de Antonio Carranza

P.V.P.- 15 euros.

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